viernes, 2 de octubre de 2009

Tirándome de los pelos

He sido infiel. Por primera vez en mucho tiempo. Hacía ya unos cinco años que no cambiaba de hombre y... no he podido evitarlo. Pero el moreno lo sabe, y quizás también sea infiel con él. No os asustéis; estoy hablando de un peluquero. Cansada de ir a una peluquería en pleno barrio de Salamanca donde cada vez que iba me sacaban una parte de riñón y te hacían toda clase de tejemanejes para sacarte otra tajada, cambié de "estilista" (como les gusta a ellos autollamarse). Con esto de la crisis y porque no hay que olvidar que aunque se quiera estar mona, una está en paro, sumado a las recomendaciones de mi amiga del alma, me marché con "otro" para que me cortara mi melena. Bueno, melena no, la verdad porque, aunque los hombres de mi vida insistan en que debería dejarme el pelo largo alguna vez, yo insisto cortándomelo cada día más corto. Por llevar la contraria y porque encontré el corte perfecto. Cómodo y perfecto. Tardo cinco minutos en arreglarlo (o menos) y así paso a otra cosa mariposa. De inspiración sesentera, según mi moreno estoy igualita que ella y porque no decirlo, ¡me encanta! Lo del pelo largo se lo dejo al moreno si tanto le gusta. Basta ya de esclavismos peludos! El pelo corto mola! Eso sí, en invierno se me van a congelar las ideas.

jueves, 1 de octubre de 2009

Cosas de madres

Todas las mujeres llevamos una madre dentro. Cuando eres pequeño no lo sabes y por supuesto jamás pasaría por tu cabeza que tú pudieras repetir los pasos de tu madre. Pero te vas haciendo mayor y esa madre interior, florece. Y florece con fuerza, más dura que la propia. Empiezas siendo capaz de dar besos de madre, de esos que suenan mucho. Un MUAC en toda regla. Luego cocinas y compras como una madre: nada de chucherías que luego no comes, hoy pescado, come fruta que no comes nada... Y luego el caŕacter de madre. Un ejemplo. Cuando era jovencita y vivía con mis padres, jamás ponía el papel higiénico en su lugar. Siempre lo dejaba fuera de portarollos. No recuerdo cuántas veces mis amantísimos padres pudieron decir, gritarme, mandarme que lo pusiera en su sitio. Yo, como quien oye llover. Ahora soy yo la obsesionada con los rollos de papel. En el baño, como en el resto de la casa, todo tiene su lugar y si el moreno decide alterar su estado... Apaga y vámonos. Saco mi dedo de madre, ese que te atraviesa como un rayo, que te apunta ferozmente, que sin palabras, amenaza. Pero con quien más utilizo y entreno a la madre que llevo dentro, es con el perro. Los mentirosos adiestradores (incluyo al encantador de perros de la tele, de quien cada vez estoy más convencida que da peyote a los perros porque sino es imposible lo que hace) te dicen que a un perro no le debes gritar, que con un tono autoritario es suficiente. Mentira. A Otto le he hablado de todas las maneras posibles y nada es tan efectivo como un buen grito de madre. De esos que acojonan. Que Otto está pesado y no para de ladrar, un grito bien puesto que le agacha las orejas y se queda como una balsa. El moreno lo ha intentado pero todavía no le ha salido el padre que lleva dentro, por lo que cuando no se hace con el perro, me pide que saque a la madre. Y la verdad es que doy miedo. Luego me siento mal y hay veces que me asusto a mi misma, y el moreno y Otto me miran acojonados, bien calladitos, comiendo fruta y colocando el papel higiénico en su sitio.

Haciendo de las nuestras

La verdad es que esto de ser diletante es raro. Raro, raro, raro. Todo el mundo alucina de que el moreno y yo estemos en casa y nos dediquemos a hacer nuestras cosas. Es raro. En un mundo donde nunca se para y con la que está cayendo, nuestra situación provoca una mezcla entre asombro y envidia, entre pesimismo y comprensión. Porque es raro, eso no lo vamos a negar. Sin haber empezado las clases, y sin estar de vacaciones, nos encontramos en un limbo donde por primera vez no hay diferencia entre un domingo y un viernes. Y eso es muuuuuuy raro. Cómo estaremos educadas las personas (con responsabilidades y con más de 15 años) que nos sentimos extraños, como en cuerpos ajenos, como si estuviéramos haciendo algo que no debemos. Razón por la cual no vemos la hora de empezar a cultivar de nuevo nuestra mente y comenzar una fase de deberes y tareas, idas y venidas con horarios.

Menos mal que Otto, nuestro canino compañero de piso, pone algo de orden y rutina y a las ocho de la mañana todos estamos en pie, para que no se nos olvide que la realidad es más dura de lo que queremos hacer creer.

lunes, 14 de septiembre de 2009

La reentré

Como dicen los franceses, que hasta para eso son finos. El verano ralentiza el tiempo, el aire y el pasar de las horas se vuelven espesos. En septiembre los días cada vez más cortos provocan jornadas más largas de viejos y nuevos proyectos. Cuando llega septiembre... empieza de nuevo el ritmo, el año y para mi, el buen tiempo. Llegan los coleccionables, los atascos y las novedades literarias. Este año septiembre ha venido acompañado de cambios, cambios que dan vértigo y que suenan a locura pero que suenan bien. El moreno y yo volvemos a la universidad. Nos saltamos a la torera el miedo a la crisis y decidimos que a veces, a pesar de la coyuntura internacional y nacional, hay que arriesgarse. Quizás dentro de un año veamos que nos confundimos en nuestra elección o quizás no. De momento no se sabe. Lo que de momento sabemos es que parecemos algo mayores que los pipiolos de la universidad pero seguramente también seamos algo más sabios.

El otro día cuando fui a hacer la matrícula y llevaba mi solicitud de beca para desempleados que tan amablemente nos ha puesto a disposición Zapatero para todos aquellos licenciados sin empleo para que estudiemos más y mejor (y con suerte nos vayamos a otro país a trabajar), me dio penilla ver las caras de ilusión de los estudiantes de primeros cursos. ¿Quién va a saber a esa edad qué te deparará el futuro? Yo me veía muy distinta a cómo soy ahora. Creía que la vida era estudiar, trabajar, tener un hijo, trabajar, quizás casarte, viajar en verano y trabajar. Mi vida en cambio ha sido diferente, quizás por las circunstancias: estudiar, trabajar, pararte, estudiar... y quien sabe. Ah! Y bajar al perro, que eso lo hago mucho.

De momento ha llegado septiembre y en el colegio de enfrente ya están los niños sentados en sus pupitres. Pronto estaremos el moreno y yo igual. Una casa con olor a lapices y cuadernos nuevos. Y un nuevo coleccionable para empezar. Todavía no me he decidido entre las chapas de policías americanos o los billetes de lotería antiguos.

sábado, 5 de septiembre de 2009

Escribiendo con la chaqueta puesta

La primera noche que, después de un largo y caluroso verano en la ciudad meseteña, tu cuerpo siente un escalofrio de felicidad al sentir el aire fresco, es revitalizador. Es un fresquito agradable que con la ayuda (por fin!) de una simple sábana hace que tu sueño sea reparador, no tortuoso.

Parece que el verano da sus últimos coletazos. Otra vez se inicia el curso y aunque da un poco de vértigo por la cantidad de nuevos proyectos y la facilidad por procrastinar, el invierno ya se olfatea. ¿Cuándo caerán esas deseadas gotas?

miércoles, 26 de agosto de 2009

Limpieza

Como últimamente ando ordenando mi vida, poniendo cosas en sus lugares correctos y tirando lo inútil o lo caducado, he hecho lo idem con la despensa de comida.

Alguien puede pensar que la despensa en esa habitación pegada a la cocina donde, en estanterías perfectamente situadas, reposan conservas y mermeladas recien hechas. En nuestro caso, como en el de tantos otros, se trata de un armario de la cocina, del que sólo son accesibles apra mi escasa estatura los dos primeros estantes. De los otros dos se encarga el moreno de suministrarme. Y así estaba.

Ayer con paciencia, boli y papel decidí hacer inventario. El resultado: sorprendente.

Hace unos meses el moreno me regañó porque en mi neura de abastecimiento siempre que voy al supermercado traía tomate frito, hiciera o no hiciera falta, con el miedo paranóico de que se termina o no tuviera cuando me hiciera falta. Desde entonces, y confiscándome todos los tarros, el moreno no me ha permitido incurrir en el delito tomatero.

Pero cual fue mi sorpresa al ver que el tomate no era mi única obsesión. Reconociendo mi incapacidad de controlar mis impulsos de abastecimiento, el hit parade de las conservas fueron:

- 11 latas de bonito en escabeche
- 9 de maiz en dulce
- 7 de pimientos de piquillo

Por supuesto tengo mi alegato de defensa preparado y es que con un armario de despensa tan cutre, lo ue está en las filas del fondo o en los estantes más altos, para mi es como si no existiera. Y yo voy por la vida creyendo que nos vamos a quedar sin atún. Y así no se puede vivir tranquila.

Mi madre que es muy práctica y una cocinera nata, me sugirió unos pimientos rellenos de atún y maiz. Ahora sabemos como le surgieron a Ferrán Adría sus primeras ideas.

Por otro lado, encontré cosas que creí que no tenía o había olvidado que estaban ahí escondidas en lo más hondo y que no viene mal recordar que las tienes para así poder usarlas.











martes, 21 de julio de 2009

La parada que no para

Hacía mucho que no escribía por una serie de circunstancias que me han alejado de este mi querido blog:
- Problemas informáticos, que a pesar de tener a un ingeniero del tema no había forma (ni encendiendo y apagando, o viceversa).
- Problemas de creatividad, o más bien de mal humor: todo lo que quería escribir era sobre la gentuza que te encuentras por ahí, y francamente me parecía un tema de lo más aburrido.
- Problemas laborales, que hace un par de semanas se vieron solucionados: me despidieron!

Y soy una despedida feliz. Los amigos me llamaban para felicitarme por estar en tan agradable circunstancia (para no entrar en detalles imaginad como estaba en el malogrado empleo). Tras la frases manidas de "con la que está cayendo", "dada la coyuntura economíca acutal", "dios mío, la crisis"... yo añado la mía: "la vida son días" y cada uno que saque sus conclusiones.

Ya solventados los trámites de la oficina de empleo (Dios ¿pueden hacerlo más complicado?) que me hizo tener que ir dos días a las 7.30 de la mañana (¡son unos sádicos! vale que no trabajes, pero putearte de esa manera... no tienen corazón), ahora soy un número más de esas cifras astronómicas que salen en la prensa nacional, pero no me importa: ¡estoy que no paro!

Voy a volver a la facultad, voy a disfrutar del tiempo (que es de lo que más escasea el mundo en muchos momentos) y a vivir que son dos días! Voy a practicar mi religión felicista y a no volver a dejar que "capullos que andan por ahí" me amarguen mi existencia. ¡Qué se amarguen ellos!

Momentaneamente (desgracidamente para el moreno, pronto recuperara el poder del aspirador) me he convertido en una mezcla algo más chic de Martha Steward y Bree Van de Kamp: hago comiditas exquisitas todos los días para mi moreno, y exceptuando porque no le preparo un dry martiny cuando llega a casa, parezco una mujer de los años 40-50, claro que sin delantal y con los principios feministas muy bien aprendidos.

Salgo, entro... y vuelvo a salir, mientras espero que llegue el próximo fin de semana para vaguear en otro escenario: la playa! Ocho días para practicar la vida del cerdo intelectual: dormir, comer, leer, comer, dormir...

Cuidado!!!!! ..... Soy la parada que no para!!!!!!!!