jueves 19 de noviembre de 2009

Hecha un lío

A veces tengo las cosas bastante claras, y otras no. Ahora estoy pasando una racha del segundo estado. No entiendo porque hay gente que lo tiene tan claro y yo ya no. Personas que ya saben de qué, con quién y cómo van a hacer su tesis doctoral. Gente que sabe qué becas solicitar y cuáles va a conseguir. Gente que sabe cómo va a ser su vida laboral en los próximos X años. Gente que no se plantea porqué está haciendo algo que no le gusta pero vive sin pensar mucho en ello. ¿Exigo demasiado? Yo, como no entiendo nada, me lío. La cabeza me da vueltas y me duele. No duermo, a veces por insomnio creativo, otras por estrés de la vida. Y es que ultimamente la vida me da estrés. Consigo hacer una mezcla a partes iguales de nervios, ansiedad y tristeza por las cosas que no entiendo, las cosas que no controlo y los libros que no interiorizo. A veces tengo que recordarme a mi misma (y al moreno) que valemos mucho pero que nos ha tocado vivir en un sitio donde tomar ciertas decisiones pueden parecer suicidos. Vivimos en un país donde despiden a la gente sin razón, a pesar de tener un hijo recién nacido y donde la línea entre el bien y el mal, la cordura y la locura están tan difuminadas que ya no sabemos distinguir nada.

miércoles 11 de noviembre de 2009

Hipocondria

Siempre he sido así. Herencia en vida de mi padre que cuando llegaba a casa cuando yo era pequeña, lo habitual era oirle decir: "Me duele el brazo, ¿será un infarto?" o "me duele la cabeza, ¿será un tumor?". Y a esta cuestión quería llegar. Desde hace cinco días, todos los días me duele la cabeza. Y no puedo evitar pensar: ¿será un tumor? La hipocondría absurda que se había quedado apagadilla en el fondo de mi armario cuando me independicé, ha vuelto y con tantas ganas de dar por saco que no me deja ni dormir. Sería esta razón más que suficiente para pensar que esto es una pescadilla que se muerde la cola y que no duermo y me duele la cabeza y no duermo y me duele la cabeza. Quizás también tenga que ver con mi nuevo ritmo de estudiante ahora retomado y que a veces cuesta más de lo que pensaba. Horas y horas leyendo tochos (a veces muy aburridos) puede tener este desagradable efecto secundario. Pero ni con esas me autoconvenzo. Mi mente hipocondriaca, que además tiene voz de pito y me taladra, no hace mas que lanzar preguntas e hipótesis absurdas y muy pesimistas. No la soporto. El moreno, que para estas cosas no me sirve, pasa de mi y me dice que no es nada, como si me fuera a fiar de alguien que no se ha hecho un análisis de sangre en cinco años. Ja! Hay momentos en que asumo que "de algo hay que morir" pero entonces los pensamientos de muerte son demasiados para ser una neurótica graciosa para pasar a ser una loca que da miedo. Y entonces me parezco al Harry de "Cuando Harry encontró a Sally" que aterrado por la muerte lee la última página del libro que está leyendo por si acaso la diña no quedarse con la duda. Con la cantidad de libros que tengo entre manos, no me veo capacita de realizar tal esfuerzo y no morir en el intento (pero de aburrimiento). Y en esas estoy, entretenida e hipocondriaca, envidiando mi perro que vomitando todos los días, no se le ve atisbo de preocupación alguna y en mis pies anda roncando como un señor de 70 años. Me voy a tomar un gelocatyl a ver qué pasa.

lunes 9 de noviembre de 2009

La reina de las nieves

Me encanta el frío. Lo adoro. Creo que, al igual que soy una millonaria atrapada en una cuenta corriente de pobre, soy una nórdica atrapada aquí en verano. Del invierno me gusta todo. Y eso que aquí me parece ligero. Por mi podía nevar más a menudo que no me importaría. ¿Y lo divertido que es coger los copos con la boca? No es muy higiénico pero es divertido. Me gusta bajar a mi chucho (arrástrádole que él no comparte tampoco mi visión romántica del asunto) y sentir la helada mañanera en la cara. Los poros se cierran y la nariz se pone roja. Entrar de nuevo en casa es lo mejor. Y las bebidas calientes: té aromatizado, chocolate o colacao (bueno, yo soy más de Nesquik)... Y las castañas asadas y las batatas al horno. Una buena sopa. Un gran asado. Ummmmm. Los abrigos gorditos, los gorros de lana... Ah! y las mantas en el sofá. ¡Y la manta electrica! (ahora debajo de mi pompis). El edredón, que madre mía cómo saben los nórdicos no pasar frío en la cama. Y por supuesto los guantes, las orejeras y las botas con borreguito. En invierno todos tenemos más complementos que la Barbie. ¡Cómo lo adoro!

domingo 8 de noviembre de 2009

Un día (de tantos)

Mi vida ultimamente es bastante homogénea aunque traté de improvisar en el orden de los factores, la cosa en realidad no cambia mucho. Me levanto, pronto, bajo al can, paseamos por la manzana, pis, caca, pis, jugamos un rato con la pelota, pis, subimos, desayunamos los tres, los humanos nos duchamos, leo, leo y leo, antropología, sociología, semiótica, mucha semiótica, muchos nombres: Thompson, Levi-Strauss, Beck, Castells, Perec, Borges, Peirce, Saussere... No recuerdo lo que dice cada uno y se me tensa un hombro. No me ha dado tiempo a leer más. Y se me tensa el otro. También estudio teoría del feminisimo. Y francés. Hgo una lista de todo lo pendiente y otra con lo hecho y la tacho. También recuerdo lo que falta en la nevera y lo pongo en la lista. En otra. Corro fugaz a la tienda de abajo porque no hay leche (o huevos, o carne, o tomate). Hago la cama, pongo una lavadora y/o lavavajillas. Otto quiere jugar y le tengo que ignorar. Como corriendo. Me marcho a clase. Dos horas y media de clase. Descanso breve. Dos horas y media de clase. Para casa. Agotada en el metro leyendo. No me entero de nada y se me tensa el cuello. Si hoy es lunes, me toca bajar otra vez al can. Gracias al cielo el moreno llego antes. Preparo la cena, nada de delicatessen. Hoy toca tortilla o pescado o pizza. Me siento y miramos catatónicos la televisión, una serie, Rockeffeller Plaza, nos reimos, me relajo. A la cama. Sueño con lo que me queda por leer y se convierten en pesadillas donde Levi-Strauss me ataca con un muslo de pollo cocido y una alita frita. Sobresaltada me despierto entre sudores, sólo quedan cinco minutos para que suene el despertador. Mierda.

jueves 5 de noviembre de 2009

Padres primerizos

No hay muchos veces en mi familia y la pequeña nueva miembro (o será miembra?) está siendo el centro de atención de todos. Ella y sus primerizos padres. Nunca te acuerdas de lo enanos que nacemos hasta que ves a uno de nuevo y !madre mía¡, nacemos sin hacer. Aunque yo me he pasado los días mirándola y poniéndola pensamientos a sus movimientos espasmódicos, la verdad es que con diez días de vida, la conclusión es que son un rollo. Por mucho que queramos pensar que se rien cuando les tocamos sus minúsculos pies, la verdad es que ni ella sabe donde está su cara, y lo más seguro es que sea un gas, más que una risa. Pero vemos lo que queremos. Como su objetivo vital ahora mismo es chupar, la pobre cuando está hambrienta chupa lo que tenga cerca, y cuando la ponía al lado de mi moflete, yo quería pensar que me daba unos besos-chupetones de amor. Pero siendo sinceros... ni de coña. La pobrecita está sin saber que está en un mundo enorme, lleno de gente enorme que la observa. Porque con un bebé de diez días lo único que hacen padres y familia es mirar. Mirar, hacerla fotos, mirar, cambiarla el pañal, mirar, cambiarla el pañal... Y poco más. Ella también mira, intenta enfocar y mirar, se aburre porque la verdad es que los adultos somos un rollo y se duerme.

Los primerizos padres con ojeras pero contentos, miran a su cachorro a veces entre emoción y miedo. Las dudas les asaltan y si la pequeña se atraganta con la leche, la preocupación se apodera de ellos y la miran, y la miran más todavía, preguntándose si lo harán bien y si le quedará un bonito ombligo a la pequeña.

Desde fuera, los que estamos entrando en esa edad donde la pregunta de ¿tendremos hijos? empieza a hacer presencia, ver a los recién estrenados-agotados-preocupados padres nos hace preguntarnos: ¿de verdad quiero tener hijos? Luego miras de nuevo (por vigesimoctava vez) a la pequeñita y piensas: quizás la adopción de niños de dos-tres años sea una buena idea. (El moreno apuesta más por adoptar a uno de treinta con un buen sueldo que nos mantenga).

Os presento al bichito que mira y miramos.

jueves 22 de octubre de 2009

El pedido

El otro día nos confundieron un poco el pedido del supermercado. Prácticamente llego todo salvo un par de bolsas que se debieron de colar y aparecieron por equivocación en mi casa. Tras la sorpresa y comprobación si de "lo mío" faltaba algo, miré a ambos lados de la cocina y puesto que nadie reclamó pasados los prudentes 2 minutos, me lo quedé todo. Y fue como si hubiera encontrado un tesoro. Un tesoro de congelados. La verdad es que nosotros, aunque al princpio de la convivencia vivíamos por y para La Sirena, con el tiempo nos hemos vuelto unos "frescos". Por esa razón que ahora nos lleguen "del cielo" manjares congelados, esas exquisitas delicias cocinadas para el más vago, me encantaron. Y no es que fueran "pato a la naranja" o "paletilla de cordero", era mejor: todo rebozado! No hay más remedio que comerse esas crujientes y doradas empanadillas de bonito, esos san jacobos que parecen construcciones de un lego culinario... Ummmm. Todo frito y/rebozado. Fue como encontrar una bolsa de chucherías tras el cojín del sofá: están asquerosas pero da tanta alegría que te las comes. La verdad es que quien las compró, que debe estar preguntándose si fue real o lo soñó, no cuidaba mucho su dieta, tenía poco tiempo o las dos. Ademaś era un poco rácano porque no eran de la mejor calidad. Hombre, si al menos compras guarradas para comer, vete a lo mejor, digo yo. Nosotros te lo agredeceríamos para siguientes ocasiones y despistes.

Que cosa más mona


Me parece que es de las mejores cosas de la vida. Bueno, de mi vida porque habrá a quien no le haga tanta ilusión como a mi que de un huevo salgan dos yemas, pero algo habrá que pareciendo pequeñito, insignificante, una chorrada vamos, a ti te haga tan tan feliz... como una perdiz pregunta interior: ¿de verdad la perdices lo son? ¿quién llegó a esa conclusión tan poco científica?). Es una sensación interior maravillosa, cuando sin esperarlo pasa algo bueno, pero chiquitito. No me refiero a que te toque la lotería, que eso es evidente que 1) es poco probable 2) estarías loco sino te alegraras. En mi caso, si me tocará sería una doble alegría ya que nunca compro ninguna clase de boleto de la suerte o de la fortuna. Yo me refiero a la alegría que te invade, como si volvieras a tener cinco años, cuando te encuentras dos euros (ya no hablamos si es un billete de 5 euros, hay me desbordo) olvidados en un abrigo de la temporada pasada. Guau! Q subidón! Quizás es que yo soy de alegría fácil, como de risa, que por mi culpa el moreno se cree tan gracioso que si le sale mal lo del doctorado, ya está pensando en hacer una gira de pueblo en pueblo contando chistes.

PD: No es una foto trucada. Sino no tendría gracia.